Quijotes encarnados en el pueblo awajún

En su reciente viaje a Perú, Francisco dejó una imagen que, en sí misma, tenía tanta fuerza como cualquiera de sus palabras al reivindicar la dignidad de las comunidades indígenas de la Amazonía en su lucha por defender su autonomía frente a los intentos mercantilistas de las empresas que avasallan su tierra. Fue su abrazo a Santiago Manuin Valera, referente del pueblo awajún que se convirtió en el icono del llamado ‘Baguazo’, un choque entre policías y campesinos que, el 5 de junio de 2009, se saldó con 33 muertos y numerosos heridos; entre ellos el propio Manuin, que recibió ocho balazos.

Casi una década después, la escena en la que Manuin coronaba al Papa con un tawas (corona de plumas que distingue a los apus, los líderes de las comunidades indígenas) fue vivida por las comunidades locales como un aldabonazo en las conciencias del mundo que refrendaba su causa.

Así lo asegura, en conversación con Vida Nueva, el misionero laico local Wilmer Fernández, de paso por Madrid para recorrer nuestro país con Manos Unidas en la anual Campaña Contra el Hambre de la entidad eclesial. Director en la zona del SAIPE (Servicio Agropecuario para la Investigación y la Promoción Económica), obra de la Compañía de Jesús para el impulso de la sostenibilidad amazónica, Wilmer explica la importancia de un signo que fue “vivido por todos como un apoyo explícito del Papa a su lucha”, y mucho más cuando se dio ante el presidente Pedro Pablo Kuczynski, “uno de los mayores lobbistas de todo Perú” en el impulso de políticas depredadoras del ecosistema.

Como si fueran quijotes contra los molinos de viento que representan “las empresas que desplazan a las comunidades locales e imponen por la fuerza su minería invasiva, sus petroleras, sus hidroeléctricas o sus carreteras en las que promueven la trata de personas o la prostitución infantil”, la entidad jesuita defiende el “buen vivir” que marca la relación de sus pobladores ancestrales con su tierra, cuya armonía es para
ellos auténticamente espiritual.

Como cuenta Wilmer, “el SAIPE surgió en 1999 tras la petición de los pueblos de la región del Alto Marañón a la Compañía de Jesús de que impulsara una organización alternativa a la estatal que aglutinara a todas las realidades locales contrarias a las políticas extractivistas del Estado, que todo lo basa en la idea de producir materia prima para exportar”. Así, ya no es solo que “de ese supuesto desarrollo solo se beneficie una minoría y jamás las comunidades en las que se realizan estos macroproyectos”, siendo “cada vez mayor la brecha social en el país”, sino que todos esos procesos se dan “sin consultar a las poblaciones autóctonas, que tienen derecho a decidir qué quieren hacer con su tierra”.

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Frente a ese panorama, el SAIPE promueve, además de un soporte técnico para fomentar el desarrollo sostenible y estructuras de organización colectivas, una labor de denuncia a nivel nacional. Y es que no es pequeño el reto al que se enfrentan…

“Actualmente –sostiene el misionero laico–, hay 169 conflictos socioambientales en todo Perú, y ha habido momentos en que hemos llegado a los 230. La mayoría social es consciente de que, en los últimos años, se esta impulsando desde el poder un proyecto que solo beneficia a una élite y que además se concreta con leyes que solo favorecen esa estrategia y no hacen nada para defender a las comunidades, que ven cómo llegan las empresas a determinadas zonas y desplazan a la fuerza a sus pobladores, valiéndose de sus matones y amenazando a la gente”. Por si fuera poco, se sigue la estrategia de “criminalizar a los dirigentes de las comunidades que se organizan para protestar frente a esto.

En otras ocasiones, estos son directamente asesinados”. El SAIPE y el propio Wilmer no son ajenos a esta dura realidad: “En nuestro caso, contamos con una radio en la que damos voz a estos dirigentes sociales. Algo que tiene consecuencias… Personalmente, sé que me han seguido agentes del servicio de inteligencia. Otras veces, la estrategia se basa en campañas mediáticas en las que se protesta ante el provincial de los jesuitas en el país para que nos cese. Nos consta que quienes promueven eso son instituciones ligadas al Estado y financiadas por este, pero estamos tranquilos, pues siempre salen en nuestra defensa las comunidades amazónicas, que son a las que nos debemos. Da mucha paz saber que defendemos la verdadera agenda indígena”.

No están solos. Ni más ni menos, que el Papa se ha sumado a su causa con palabras y gestos. Una revolución de justicia y dignidad se está gestando y puede culminarse en el próximo Sínodo para la Amazonía.

 


 

Este artículo pertenece a su autor y a la revista “Vida Nueva”. Pueden suscribirse a la revista ingresando al siguiente enlace: http://www.vidanuevadigital.com/sumario/revista-3069/

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